RAFAEL BOLÍVAR CORONADO: Trampa y literatura.

Por Yusti - 29 de Julio, 2007, 0:16, Categoría: General

La suerte del Alma llanera ha sido cambiante como el sempiterno autor de su letra: Rafael Bolívar Coronado. La canción que forma parte de una zarzuela se convirtió en el segundo himno. Interpretada a lo largo de Latinoamérica hasta la saciedad. En nuestro país se le utilizó como conclusión abrupta de cualquier fiesta; era la manera elegante de mostrarles la puerta a los invitados. El destino de su autor también ha sido caprichoso.


Rafael Bolívar Coronado fue un escritor con un innegable talento, pero su vida ladeada hacia el desparpajo y la engaño lo ha fichado para la posteridad como un autor de segunda mano que utilizó alrededor de seiscientos nombres diferentes para firmar sus escritos. Fue un indiscutible truhán que sin escrúpulo alguno utilizó los nombres de algunos escritores consagrados para presentar sus escritos. Jamás se detuvo en consideraciones éticas al momento de engañar y timar en su buena fe a lectores y editores.


Escribió muchos libros y ninguno, tuvo buena cantidad de nombres y ninguno. Para Coronado el acto de escribir no fue una forma de alcanzar la gloria o el éxito literario, fue sólo un medio para subsistir y sufragar sus gastos primarios. Nunca estuvo preocupado de la obra, ni de la inmortalidad, sólo estaba a contrarreloj para conseguir algunas monedas y “quitarle la telaraña a las muelas”, según sus propias palabras. A pesar de toda su trágica y precaria existencia Coronado no pierde el pulso para ser irónico y esto lo devuelve a nuestros días vivo y quijotesco. No sin razón el escritor peruano Fernando Iwassaki escribe: “Entre los impostores y falsarios de la literatura, el venezolano Rafael Bolívar Coronado (1884-1924) merece un lugar de privilegio al lado de George Psalmanzar y James MacPherson, aunque haciendo hincapié en que Bolívar Coronado escribió su obra apócrifa en el siglo XX y no para halagar su vanidad o conseguir más poder, sino para llegar a fin de mes”. Hay dos libros imprescindibles para conocer de cerca a Coronado: “El hombre que nació para el ruido” de Oldman Botello y “Un hombre con mas de seiscientos nombres” escrito por el historiador, ensayista, e increíble bibliófilo como lo es Rafael Ramón Castellanos.


La vida de Coronado estuvo en estrecha sintonía a la literatura y quizá esta otra singularidad le hace soluble en nuestra admiración a pesar de toda su irresponsabilidad intelectual, es un autor idóneo para la postmodernidad de intertextualidad e Internet debido a que no respetó los derechos de autor de otros escritores. Además despojó al quehacer literario de toda su pompa circunspecta, de todo ese boato de clasicismo formal. Coronado fue una personalidad artística, psicológicamente no del todo equilibrada, que invirtió sus mejores esfuerzos en ser un escritor a tiempo completo. Jamás dudó en ejercer otro oficio que no fuese el de la escritura.


De igual modo a Coronado puede que lo redima su humor. Se burló a placer de sí mismo y de todo un medio intelectual acartonado y con ínfulas de gloria, premios y plazoletas. Él bajó de su pedestal bostezante la profesión literaria y nunca estuvo interesado en ser un escritor de oficio con una obra elaborada a conciencia para adornar anaqueles. Estuvo preocupado por convertir la profesión de escritor con una audacia desgarrada y risueña. Ese sentido de anonimato que imprimió a su trabajo (oculta bajo el barniz de tantos nombres) dice mucho de un escritor cuya necesidad parece ser sacar a luz lo escrito. No quiso escribir para la gaveta, sino para los lectores en el ardiente día a día.


Sus inicios como escritor se remontan a su Villa de Cura natal en el Estado Aragua, en un semanario del que era socio. Se traslada a la capital y en Caracas con su don de ameno charlatán amplia el campo de sus amistades. De pronto se encuentra en la plana mayor de los adláteres al régimen gomecista. Anda en estas malas compañías hasta el año 1913. De regreso a Villa de Cura reflexiona y escribe sobre su peripecia como militar agregado. Vuelve a Caracas al año siguiente y se estrena la zarzuela, en un acto y tres cuadros, “Alma llanera”. La letra es de Coronado, la música de Pedro Elías Gutiérrez y sube a escena por la compañía de Matilde de Rueda.


La canción principal de la zarzuela es tarareada en todas partes. La suerte del Alma llanera estaba escrita; se convertirá con el tiempo en el segundo himno de Venezuela. Su autor tuvo sentimientos contradictorios con respecto a su obra y llegó a escribir: “De todos mis adefesios es la letra del Alma llanera del que más me arrepiento. En efecto. Es ésta mi página dolorosa, el hijo enclenque de mi espíritu, la cana al aire, la metida de pata”. Obtiene el premio en los primeros “Juegos Florales de Venezuela” con el cuento “El nido de azulejos”. Coronado a pesar de estos triunfos no está satisfecho. Realiza tramites y obtiene los beneficios del gobierno para viajar a España. En tierra española se convierte en un agente de perturbación política contra la dictadura de gomecista.


En Madrid sin oficio conocido y vigilado contacta al poeta Francisco Villaespesa. Con un legajo de cartas de recomendaciones y mentiras embauca al poeta y director de la revista “Cervantes”. Villaespesa para ayudarlo lo agrega a la plantilla de su revista como corrector. Aunque Coronado no sabe un ápice sobre la corrección de textos acepta el trabajo. La revista se edita y por supuesto las erratas son abundantes, sin mencionar el hecho que algunos escritos son de Coronado con el nombre de insignes escritores hispanoamericanos. Estalla el escándalo y se traslada a Madrid.


Otra vez sin dinero y con el apremio del hambre encuentra una oportunidad de oro para utilizar su ingenio cuando se entera que un compatriota suyo Rufino Blanco Fombona necesita manuscritos para inaugurar la “Editorial América” y una de cuya colecciones estará dedicada a la historia colonial.


Coronado se hace pasar por copista de unos manuscritos que reposan en la Biblioteca Nacional de Madrid. Entrega el material copiado y obtiene su paga lo cual le permitirá subvivir algunos meses. A la par de estos “trabajos literarios” de calderilla escribe artículos para distintos periódicos en los cuales denuncia el gobierno de mano dura de Gómez y no por capricho uno de estos textos lleva por título “Gomezuela”. En esos días convulsionados algún sabelotodo entrometido (que nunca falta) descubre graves fallas gramaticales en los textos de historia colonial. Buscan desesperados en la biblioteca los originales y descubren la estafa.


Rufino Blanco Fombona además de escritor y editor era un atrabiliario armado que no se andaba con sutilezas literarias a la hora de resolver conflictos. De seguro tenía una bala con el nombre de Coronado, pero no pudo encontrarlo. Entonces optó por publicarle un libro inédito: “Memorias de un semibárbaro”. Hacer publicar dichas memorias era un poco desenmascararlo y desacreditarlo en todo sentido.


Coronado sobrevive a duras penas con las colaboraciones a distintos diarios y empleando diferentes nombres hasta que se le ocurre la idea de las antología de poetas latinoamericanos. Algunos editores compraron varias de estas colecciones. Coronado las ensamblaba en cuestión de semanas y si le faltaban poetas o poemas los inventaba de manera inmisericorde.


Una de las situaciones más ilustrativa de este pícaro redomado involucra al poeta Andrés Eloy Blanco, quien con su libro “Canto a España” obtuvo un prestigioso premio en metálico. Antes de la llegada del poeta cumanés Coronado hace su tarea: escribe loas rimbombantes a la poesía y persona del poeta. Con paciencia premeditada guarda los recortes de prensa. Luego los remite, junto con su dirección, al hotel donde se aloja el poeta laureado. Pasan los días y no obtiene ninguna señal. Urgido de dinero le envía un telegrama urgente: “Andrés Eloy eres un Astro. Los Astros giran. Gírame algo”.


Si se puede esgrimir un alegato a su favor sería su proverbial destreza para elegir nombres y su extraño rigor para asumir el trabajo literario: a destajo y sin tiempo. Como alegatos en contra se podrían esgrimir la forma despiadada para atacar a sus adversarios y enemigos a través de su escritura. Su sentido amoral para usurpar los nombres de otros escritores y endosarles sin empacho sus propios escritos por el simple hecho de ganar algunos billetes. No obstante esta actitud pesetera nada tiene que envidiarle a muchos de sus contemporáneos quienes como prostitutas aceptaban embajadas o altos cargos en el gobierno. Por lo menos Coronado iba a sus aires y había mucha temeridad ingeniosa en sus timos.


Coronado escribió mucho y su obra es tan dispersa y caótica como su vida. Escribió de todo e incluso pergeñó una biografía de Lenin en un momento en que este personaje daba sus primeros pasos por la alfombra roja de la historia.


Rafael Bolívar Coronado estaba loco y su locura fue escribir en un tiempo en el cual los escritores estaban interesados en formar parte del decorado del poder como funcionarios o asesores. Con su vida ha escrito la página literaria más fantástica, estrafalaria y vigorosa de nuestro país. Arrojó por el desagüe de la trampa y el heterónimo el prestigio de ser escritor. Quizá dilapidó su talento literario tratando de convertir el hecho de escribir en una actividad perdida en el tumulto de lo común. Coronado como ningún otro descubrió que el escritor es sólo un ídolo con pies de barros y cuando la literatura se torna un eco insoportable de nadería ególatra pensemos en su peripecia intelectual, en sus trapacerías literarias y en su aventajado lirismo de tener la literatura como un medio y no como un fin en sí misma.

ENAMORADO DE LA MAGA

Por Yusti - 29 de Julio, 2007, 0:14, Categoría: General

"Saberse enamorado de la Maga no era un fracaso ni una fijación en un orden caduco; un amor que podía prescindir de su objeto, que en la nada encontraba su alimento,..."
Rayuela/capitulo 48
La novela "Rayuela" de Julio Cortázar, ha sido recuadrada con algunos clichés, simplificada con muchas frases hechas. Sin mencionar que es la presa predilecta del lirismo abobado y salivoso de los gacetilleros culturales en domingo. Así tenemos entonces Rayuela como: "ejemplo insuperable de una portentosa contranovela", "inigualable caja china, muñeca rusa de vanguardia literaria", "su sentido lúdico permite a cada lector leer la novela que más le interesa", "inigualable trampa para nostálgicos irremediables y sensibles inteligentes", etc.

Cada lector puede develar sus abismos, transitar su laberinto humanístico y poético. Cada cual quedará atrapado por los personajes que entran y salen en la novela de a retazos, especie de rompecabezas que se irán armando en la visión del lector, según su sensibilidad e intelecto. Muchos no han podido descubrir su hechizo, no han podido pasar de sus frases iniciales como quizá les habrá sucedido con el Ulises de Joyce o Paradiso de Lezama Lima.

Cortázar explicó bastante los mecanismos que impulsaron a gestar la novela, no para justificarla, sino porque muchos de sus lectores descubrieron nuevos hilos en esa telaraña existencial y metafórica que es Rayuela. No sin razón Cortázar aseguró: "Mucho de lo que he escrito se ordena bajo el signo de la excentricidad, puesto que en vivir y escribir nunca admití una clara diferencia". La novela traspapela literatura y vida de manera sincronizada, en donde alma y piel se enhebran en un sutil tejido literario que sobrepasa muchos cánones estéticos (ya estoy con eso del lirismo mentecato).

Uno que se enamora con facilidad de las mujeres en la vida hace otro tanto con esos personajes femeninos de la gran literatura. En lo personal he perdido el corazón y la cabeza por Madame Bovary, Ana Karenina, Dulcinea, Desdemona, la Alejandra de Sobre Héroes y Tumbas, las prostitutas de Juntacadáveres. Es imposible no enamorarse de la Maga. Ella pertenece a esa estirpe de heroínas que adquieren carne y poesía en nuestros deseos más secretos. Uno quisiera agarrar por el cuello a Horacio Oliveira y arrojarlo por alguna de las ventanas de la novela, sacarlo de la vida y los sentimientos de la Maga para que a ella le duele menos ese amor tan contrariado y tan chocantemente argentino.

La historia de Rayuela es simple: un grupo de individuos de distintas nacionalidades que confluyen en París. En la novela París resulta como una escenografía para alguna película escrita por Jacques Prévert. Un París confeccionado/ idealizado con pasión y con muchos retazos poéticos o como lo expresa Gregorovius: "En el fondo París es una gran metáfora". La Maga pregunta varias veces: ¿Por qué una enorme metáfora? y no obtiene una respuesta clara ni definitiva, pero después ella misma la responde en su carta a su bebé muerto: "En París somos como hongos, crecemos en los pasamanos de las escaleras, en piezas oscuras donde huele a sebo, donde la gente todo el tiempo hace el amor y fríe huevos y pone discos de Vivaldi (...) Casi no tenemos ropa, nos arreglamos con tan poco, un buen abrigo, unos zapatos en los que no entre el agua, somos muy sucios, todo el mundo es muy sucio y hermoso en París, Rocamadour, las camas huelen a noche y sueño pasado".

En ese París, más literario que real, se mueven la Maga, Horacio Oliveira y el grupo de amigos que conforman el Club de la Serpiente. Hablan, discuten, beben, oyen música, paean de aquí para allá, etc. Todos entran y salen de la novela con figuras apenas boceteadas, con esa textura de niebla y algo vaporosa que tienen los fantasmas. Sólo la Maga tiene carnadura tangible.

Ella tan lenta para entender las cosas es a fin de cuenta la claridad nítida, es la que ordena ese caos de ideas estéticas y metafísicas que constantemente discuten sus amigos; discusiones que dejan su huella particular en todos los integrantes del club, pero que tiene que ver todo esto con el lector. Mucho. Ya que uno también se reúne con sus amigos, escucha discos, canta, se angustia ante la muerte o ante eso que nos rodea o como piensa Oliveira: "pienso que tanto sentido tiene hacer un muñequito con miga de pan como escribir la novela que nunca escribiré o defender con la vida las ideas que redimen a los pueblos. El péndulo cumple su vaivén instantáneo y otra vez me inserto en las categorías tranquilizadoras: muñequito insignificante, novela trascendente, muerte heroica". Rayuela es una novela existencialista, tiene personajes que son en el fondo humanos demasiado humanos, para hacer literatura y parafrasear a Vallejo, y es esto en verdad lo que nos atañe a todos.

La Maga es la duda, la pregunta constante, los ojos abiertos de asombro ante el mundo cotidiano; la navegante inmóvil que intenta llegar al puerto de los planteamientos mientras los demás parecen haberlo alcanzado hace rato. La Maga escruta, se interroga porque simplemente no entiende, todo se le vuelve una estopa, un amasijo retorcido. La Maga es luz en su ignorancia desarreglada y sin tiempo. Su vida es una novela metafísica escrita por un melancólico descreído. Mientras sus amigos construyen mundos con sus ideas librescas, la Maga vive esos con una transparencia intuitiva, con una luz interior que degüella las sombras a su paso. Ernesto Castillo escribe: "En sus dudas y actitudes simboliza a la mujer de un modo muy distinto, símbolo éste que está muy lejos del esteriotipo que conocemos: se revela ante la sociedad que la reprime, ante sus amigos que la cansan, y además, le despiertan a Rocamadour con sus discusiones, a veces, bizantinas".

La Maga comparte con Dulcinea del Quijote cierta mitificación, cierta inequívoca sublimación. Sin en su locura Don Quijote ve en la fregona a una dama de excelsa belleza, la cordura de los lectores de Rayuela ven en la Maga a una mujer sencilla de posibilidades extraordinarias. Por esa razón es un personaje complejo con el agregado de un lector que tiende a idealizarla a partir del amor reflexivo, a veces algo rebuscado, de Oliveira, de las conversaciones que ella mantiene con los distintos integrantes del club y de la actitud trágica ante la muerte de su bebé.

Cortázar no describe a la Maga a la usanza de los novelistas tradicionales y el lector la amolda según sus gustos y conveniencias, sus ideales del amor y la belleza. Eso es el gran acierto de la novela: uno construye a la Maga como un muñequito de pan y le proporciona cualidades insignificantes o trascendentales, al unísono, lo que permite un retrato veraz y bastante cercano. Es una mujer ideal por sus dudas e imperfecciones, aparte de ese innegable don para captar el revés poético de la trama de lo cotidiano, va dotando a los objetos y a las personas que la rodean con todo los encantamientos posibles; especie de hechicera, maga en cuyo perfume de espejos podemos vernos uno y múltiple al mismo tiempo.

Las mujeres en la literatura y en la vida siempre son fascinantes, seres indescifrables y esas características son en extremo seductores. Uno que tiende a traspapelar la vida y la literatura sabe que una mujer es poema que se escribe desde la pasión, sabe que un personaje femenino ficticio se escribe desde lo vivido y lo amado, desde el corazón que bombea tinta dulce y metáfora, como sin duda Cortázar escribió a la Maga.